FASCISMO Y NAZISMO

 En Italia, en el año de 1914, Mussolini tuvo la visión de establecer un periodo llamado II Popolo d' Italia para desde hay exaltar los ánimos del pueblo y convencer de que era deber para los Italianos entrar en la Primera Guerra Mundial. Una ves que dicha conflagración vio el final, el italiano hizo conformar una unión de veteranos de ese combate, a la que llamo "fascio di combattimento" , de la cual se desprende el movimiento fascista cuya naturaleza era anticomunista y apegada completamente al nacionalismo.




Este movimiento le declaro la guerra al comunismo y al gobierno de esta época, que se encontraba en un estado sumamente débil y descontrolado, para lo cual enfocaron sus refuerzos en realizar incursiones a los pueblos de Italia, con el fin de obligar a todos los alcaldes de extracción socialista  a que renunciaran a su cargo. 

La cabeza de estos hombres  era Benito Mussolini, quien en el año de 1922 logro imponer en Italia la primera dictadura fascista, manteniendo un régimen de terror, nacionalista y serrado al razonamiento con las fuerzas políticas a las que destruyo con el paso del tiempo.

  El esquema económico que manejaba era el corporativismo, pues formaba corporaciones laborales en las que se tomaban en cuenta a patrones y obreros para la obtención de un objetivo económico y social. El aspecto militar fue también preponderante en el fascismo, pues se esmeraba en la formación del ciudadano para convertirlo en soldado, y al hacerlo gozaban de algunos privilegios extras, lo que resultaba atractivo para muchos de los hombres poco favorecidos por la fortuna.


Aunque su forma de llevar las riendas de la nación italiana era brutal, Benito Mussolini logró importantes aciertos en materia económica, pues sus planes y esquemas de producción obtuvieron un significativo aumento en las cifras oficiales. Sin embargo, el pueblo no obtenía la misma retribución al enorme esfuerzo y sacrificio que realizaban todos los días en sus sitios de trabajo.


Muy pronto los diferentes personajes del conflicto por venir comenzaron a revelarse, definiendo de esta forma el bloque internacional que daría batalla al resto del mundo. En 1937, Alemania y Japón ya habían firmado un pacto anticomunista en el que se comprometían a invertir recursos y esfuerzos para impedir que el comunismo siguiera avanzando en el mundo, y ese mismo año Italia se unió también a dicho pacto al firmar el documento.

  De esta forma, quedaron al descubierto quiénes serían los lideres y países de los que habría que tener cuidado en un futuro no muy lejano.

En Alemania, Adolfo Hitler apoyaba con furor su postulado en el que según sus creencias las leyes naturales apoyarían a que en el planeta sólo quedaran aquellos que resultaran más fuertes y que se impondrían a los débiles sometiéndolos y ocasionando su gradual extinción. Esta lucha lo llevó a cometer inhumanos excesos en contra de una importante cantidad de habitantes del mundo, pues consideraba que la raza aria pura debería prevalecer y durar mucho más que el resto de las razas sobre la faz de la tierra.


Hitler sentía que los arios eran los herederos y formadores del futuro de la Tierra, una raza que simbolizaba los más altos ideales del Creador, que infundía el conocimiento y la cultura que debería glorificar a Alemania. Mientras que los judíos representaban para él líder alemán, una fuerza que destruiría todo lo que él deseaba crear para su nación, una raza capaz de ensuciar la línea aria que tanto anhelaba manifestar; además los judíos poseían una fuerza económica sumamente importante, y para el conflicto por venir era imprescindible conseguir los fondos suficientes para mantener al ejército y las instalaciones militares necesarias.

Esta ideología, fundada en el antisemitismo como justificación histórica, desató una persecución despiadada contra todos los judíos en Alemania y posteriormente en Polonia. Esta casería comenzó por despojar a los judíos de todos sus vienes, para después obligarlos a llevar cosida a sus ropas una estrella de David, que los distinguía de los demás ciudadanos, y les daba una calificación de infra humanos, pues se les impedía entrar a lugares públicos, al grado que algunos de estos lugares mostraban carteles en los que se permitía entrar a los perros, pero no a los judíos, El movimiento contra los judíos culminó con la privación de la libertad y la vida de más de cinco millones de ellos en los campos de concentración, pero esto lo veremos en un capítulo posterior.

Hitler pensaba que el estado debía estar organizado de forma tal que el poder de Alemania debería estar bajo el control de un líder, por decirlo de alguna manera, predes tinado y que el pueblo sin duda alguna debería creer y confiar en él, abandonándose al criterio de ese líder o Führer, quien necesitaba la expansión territorial de su nación para poder lograr sus objetivos.


Pero veamos cómo estaba Alemania un poco antes de que Hitler asumiera el poder, ya que la oportunidad de posicionarse como lo deseaba se presentó en 1929 con la recesión económica. El desempleo era la mayor pesadilla de los alemanes y todos aquellos que tenían liquidez económica vivían bajo el temor del comunismo que, tras la Revolución Rusa había ganado una fuerza que amenazaba al capitalismo de manera significativa; por otro lado, la humillación que el ejército había sufrido se añejaba en su ánimo y esperaba pacientemente la oportunidad de cobrar las cuentas pendientes con el mundo.


Todo lo anterior permitió que los alemanes permanecieran receptivos ante la propaganda Nazi, que parecía la solución atados sus problemas, y paulatinamente levantaba el decaído espíritu de ese pueblo. Por fin veían cercana la posibilidad de recuperar su orgullo nacional y al mismo tiempo sus vidas. Los ideales nazis lograban endulzar el oído a los alemanes que buscaban desesperadamente una figura política que los llevara al triunfo como nación.


En otro lado del mundo, Japón tomó una actitud diferente, sin caer totalmente en el fascismo, pues modificó su forma de gobierno al imponer la presencia y fuerza del ejército en el centro del gobierno, con lo que logró imponer el totalitarismo. También esta nación buscaba la extensión territorial para lograr sus planes de crecimiento, por lo que en 1931 se enfrentaron a los chinos, quienes perdieron la zona de Mukden, que actualmente se conoce como Shenyang, y donde en 1932 construyeron el estado de Manchuko. La ocupación japonesa en China no se detuvo ahí, pues en 1937 y 1938 tomaron los puertos más importantes de dicho país.



"Los soldados japoneses eran temidos entre las tropas aliadas debido a su determinación y fiereza en combate. No les importaba morir si lo hacían con honor."

Fuente: libro titulado "La Segunda Guerra Mundial"


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